El meteco Rodriguez.


La rabia que galopa en tu cabeza,se escuchan los golpes por doquier, es el caballo el que te doma.

Miserias que se enfrentan unas con otras, la angustia que brota cual yuyo en rosedal.

Sos el molde en el cuál murió un pretérito y se engendró la calumnia invernal.

Lunes 29 de noviembre del 1990,un hombre con barba y un mundo que se dilapida.

Abismos insondables rajan la tierra,el vendaval enloquecido y su inefable estado de perpetua miscelánea.

El hábito digresivo que lo distingue,su bigote fulgente danza al son de las bocinas que lo denuncian.

Todos se agolpan en torno a su presencia,Fidel Rodriguez es como aquellos filibusteros que infestaron el mar de las Antillas.

Acto primo,se arrodilla frente a la masa que lo aclama y besa las baldosas que lo separan de la tierra.

Los hombres y mujeres quieren tocarlo, embebecer su noble esencia cristalina y sentir esa metamorfosis espiritual que los seres como Fidel emanan sin esfuerzo.

Los periodistas se alborotan con vesanía, flashes de luces se intercalan con las arrugas de Rodriguez y las cámaras que lo quieren deglutir.

Una carreta que se derrite,las trompetas se quedan sin voz y a la muchedumbre se la lleva la cloaca porteña.

Ahí está en el centro neurálgico del orbe,festejando la osadía de volver a ser nadie con la previdencia de la utópica felicidad que un día le prometieron.

El tronar de cañones anuncia su victoria al hombre que le prometió al mundo no pisar la capital de su nación hasta que cumpliera los 80 años.

 

Majo Della Sala.


2 respuestas a “El meteco Rodriguez.”

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