Dificultosa la empresa de adentrarse en un tema biológico como éste más aún cuando no se tiene sabiduría alguna sobre el proceso de orinar.
Lo cierto es que hago pis infinitas veces al día , si yo fuera una niña no me consternaría en lo absoluto , pero ya soy una mujer adulta. Mi incontinencia se presenta todos los días , con mayor violencia por las mañanas.
Sentir una constante y aguda presión en mi parte baja del estómago me genera movimientos hiperquinéticos perpetuos.
Al momento en el cual se presenta esta compulsión , mi mente tiembla , mis extremidades se arrugan y de un salto surge un impulso descabellado que me toma de las manos y me translada hacia algún sanitario que se encuentre cerca de mi entidad.
A lo largo de los años he percibido que cuando estoy en una casa ajena siento esa presión degarradora , pero cuando trato de satisfacer mi necesidad , se me hace imposible. Entonces , pongo en jaque mis artilugios psicológicos.
Abro la canilla y me concentro en el sonido que produce la caída del agua sobre el lavabo. Si al cabo de dos minutos , este mecanismo no resulta mis piernas tiemblan y concibo el miedo de que nunca podré volver a orinar.
El pánico es un monstruo que paraliza el fuir de líquidos y su consecuente expulsión. (no aplica para todos los casos)
Estos datos son aleatorios, el eje de este relato es registrar que en el día de la fecha me propuse contar la cantidad de veces que asisto al baño.
En mis 22 años jamás me adentré en semejante odisea.
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