Lo que al principio fue una simple nota periodística hoy era un enfrentamiento cuasi bélico. El nunca hubiese podido imaginar las consecuencias de sus actos como así tampoco el poder de una mujer rencorosa y encaprichada.
Durante toda su carrera como periodista, unos diez años de inmaculado desempeño, él había cuidado minuciosamente cada aspecto de su vida privada. Era un obsesivo con su intimidad. Hasta cambiaba de aspecto cuando salía a la calle para que no lo reconocieran. Unos lentes grandes y pesados decoraban su puntiaguda nariz y usaba una gorra para tapar sus inconfundibles rulos negros. De esta forma, Paulo Barandelli , se camuflaba entre las misteriosas calles de Buenos Aires. Le fascinaba la dialéctica entre el anonimato de la cotidianeidad y la popularidad que le daba ser un renombrado periodista del diario mas prestigioso de toda la República.
El idílico universo en el que se desenvolvía Paulo, se desvaneció cuando escribió la primera nota sobre la dama de rojo. Su intimidad se volvió tan pública que hasta lo reconocían en todas las verdulerías de Palermo. Su cara dió la vuelta al mundo entero como la primera persona que osaba hablar de Mariette Murray. Hasta surgieron varios clubs de fans alrededor del Planeta. Ya no podía salir a la calle a caminar como tanto le gustaba, tampoco podía quedarse días enteros tomando café y fumando puros en la cafetería mas chic de Recoleta. Subirse a un colectivo era imposible, lo intentó dos veces y no pudo con la marea de gente que quería preguntarle sobre Murray.
Ante la primera nota que escribió Paulo sobre la dama de Rojo, su vida se convirtió en un auténtico caos. Dejo de salir a la calle, tuvo que quedarse encerrado durante meses, condenado a un ostracismo totalmente injusto, producto de la rabia y el profundo rencor desparramado por doquier.
Muy pocas veces otorgaba el perdón, Mariette Murray, era una mujer sumamente rencorosa ,caprichosa y despiadada. El perdón selectivo siempre requería algo a cambio y era una creencia arraigada que había heredado de su abuelo, Eugenio Murray. Este le había trasmitido que si se metían con ella, el castigo sería inminente. La justicia por mano propia era uno de los lemas mas fuertes de la familia. No creían en la justicia y mucho menos en la honorabilidad de la policía. Así fue como Paulo Barandelli, un simple periodista de un país recognito, terminó siendo víctima, como tantos otros, de la dama de Rojo.
Diez años de guerra habían sido suficientes, como para que el orgullo de Paulo llegara a ahorcarlo con un ataque de corazón. Se salvó de milagro, porque su esposa ,Diana,estaba allí con él. Luego de dos semanas de internación, el doctor habló seriamente con Paulo y le exigió que bajara sus niveles de estrés. Diana le dió un ultimatum: debía comunicarse con Murray y rendirse.
Así fue como Barandelli se mordió fuerte la lengua, tomó el telefono de emergencia que Murray habia escrito en todas sus cartas, verborragias de odio. Si sonaba ese teléfono, la dama de Rojo, sabría que Paulo se había rendido y tomaría acciones en consecuencia. El tono sonó tres veces, la derrota era inminente.
Si Paulo llamaba al número de «cese de fuego» que le había puesto Murray al pie de página, aceptaba no escribir nunca jamás sobre ella. No mencionarla en ningún medio y renunciar a su profesión, a cambio, de que Mariette quitara a los maniáticos, su ejército, de encima. Habían doce mil maniáticos en Buenos aires, un porcentaje bajo en comparación con los otros países del mundo, donde superaban el millón, pero, a la vez, significativo, en un país tan deshabitado como Argentina. Los doce mil estaban encima de Paulo, los tres mil seiscientos cincuenta días que duró la guerra entre Murray y Barandelli. Los maniáticos recibían un ostentoso sueldo mensual por su trabajo y eran dirigidos por Helena del Pino, la lider de los maniáticos en esa zona del globo, la comandante dirigida por la misma Mariette en persona. El éxito de la campaña fue tan rotundo que hasta el PBI del país subió drásticamente por el dinero enviado por la Dama de Rojo.
Por fin, la década de tortura psicológica había llegado a su fin. El se había rendido y una vez mas Mariette se regocijaba en su ego y vanidad infinita.
Nunca nadie supo de esto. El pacto implicó que Paulo dejara su profesión y se dedique junto a su mujer al comercio de indumentaria. A todos les pareció sumamente extraño que Barandelli abandone su exitosa y prometedora profesión. Al día siguiente del llamado, Barandelli, presentó su renuncia al diario y dió una pseudo conferencia de prensa,contandole al mundo que era hora de abandonar su vocación y cooperar con un negocio familiar. Así fue como Paulo Barandelli, se inmiscuyó en un silencio absoluto que luego de dos años de inactividad, lo terminó sepultando nuevamente en el tan deseado ostracismo.

Majita