Las mañanas de Mariette Murray


LLovía mucho esa mañana. Mariette Murray se levantó como siempre a las cinco y media. Ella no necesitaba ningún tipo de depertador, lo hacía naturalmente, se despertaba repentinamente como si le tocaran el pecho con un desfibrilador.

Ni bien sus pies tocaban el suelo, tres gatos provenientes de Egipto, sus secuaces mas leales, saltaban de sus guaridas para cortejar a Mariette hasta la sala de desayunos, donde Eriberto Frías, su mayordomo, le servía un café espresso negro junto con un yoghurt repleto de frutos rojos y semillas importadas suecas. Siempre desayunaba eso, las mismas proporciones que estaban estrictamente calculadas. Todas las mañanas, Eriberto, también se encarga de entregarle un resumen de las noticias mas importantes del día y de musicalizar el desayuno con música clásica. Mozart,Bethoven, Bach, Vivaldi,Schubert y Vert se alternaban los trescientos sesenta y cinco días del año.

Todas las mañanas sucede lo mismo.Con una bata larga afelpada de color borgoña, camina lentamente y con una elegancia sublime, se dirige al salón de belleza, ubicado en el tercer piso de su residencia.

Ofelia Piamonte, es la peluquera oficial de Mariette Murray. Ella es la encargada de que su larga cabellera caoba luzca espléndida y radiante todos los días. Tres horas y media al día es el tiempo que le dedica a su cabello. Mariette es la clienta mas exigente que Ofelia ha tenido en sus sesenta años de oficio. Se había mudado a la residencia Murray hace unos diez años, luego de dos años de negociaciones, ya que tuvo que resignar a toda su cartera de celebrities y a su vida en general. Pero no se arrepentía. Lo supo desde el primer momento en el que la dama de rojo le envió una carta que decía lo siguiente:

Estimada Ofelia Piamonte,

Reclamo su exquisita presencia y su vocación de trabajar para mi. Necesito que usted, se dedique a mi cabello dos veces al día como mínimo, por ello, considero estrictamente necesario que se mude a mi residencia lo antes posible. En cuanto a su sueldo, le ofrezco, cincuenta mil dólares por mes y una casa para cada una de sus tres hijas. Adjunto fotografías de los inmuebles para que usted misma elija cual desea. El contrato de trabajo es irrevocable.

Atte: Mariette Murray

Cuando el proceso del estilismo concluye, Mariette se dirige a su vestíbulo y se pone un vestido rojo carmesí que repite todos los días de la semana. Tiene mas de cien vestidos muy similares. Los considera su «traje de trabajo» y solo difieren en algunos detalles. Vilma del Monte, es la modista estrella de la dama de rojo. Hace cuarenta años que trabaja en la residencia Murray y es una mujer alta, extremadamente delgada , con una nariz angulosa y unas manos tan precisas que hubiese podido ser cirujana. Mariette la conocío un día en el que fue a rescatar un cuadro al Museo del Prado. Vilma estaba en el museo ese día y cuando la dama de rojo la divisó le pidió a Orco que la valla a secuestrar para luego ofrecerle trabajo como modista. Vilma sintió pavor cuando vió a Mariette entrar al estacionamiento donde la dejaron sentada con una papa en la boca durante cinco horas pero aceptó el trabajo en un abrir y cerrar de ojos ante las magnánimas propuestas económicas y la magnética personalidad de Murray.

A las 9:00 am, Mariette por fin se sienta en su escritorio de trabajo. Es un mueble opulento con decoración rococo que ocupa un cuarto entero. Una alfombra roja le da una elegancia única y en la pared cientos de espejos se enfrentan y reproducen curiosos laberintos en los que el reflejo se pierde en la inmensidad. Una gran planta carnivora de dos metros y un cactus ondulado de diez metros le dan un toque salvaje al recinto. Este sitio es el lugar mas sagrado para Mariette, porque, es allí donde ella hace todas sus elucubraciones y diseña sus estrategias para salvar al arte del brutalismo moderno y resguardarlo hasta que la sociedad vuelva a tener las herramientas para valorar las expresiones artísticas del antaño.

Majita


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