Esta noche quiero escribir lo primero que se me venga a la mente. Pastel de zanahoria en la heladera. Por fin bajó la temperatura en la Ciudad de México. Música de fondo, es el que vende tamales, se lo escucha todos los días a la misma hora, como las campanadas de la iglesia que tengo a dos cuadras.
A lo lejos una mujer se queja de algo que para mi es imperceptible. El reloj que me regaló mi abuela marca las diez de la noche. La vela roja que está sobre mi mesa de luz se prendió sola. No me pidan explicaciones científicas porque no las tengo. Un sinfin de sonidos se avecinan a mis oídos, vivir con un músico creativo es interesante porque uno experimenta millones de sensaciones a lo largo del día y mucho mas en la noche ya que a los que creamos nos encanta la libertad que da la noche.
Estaba pensando en mis ganas de comer el pastel de zanahoria pero el timbre interrumpió. No tengo ganas de ir a atender. Estas no son horas para pretender llamar la atención de nadie. Tengo derecho a renunciar a la obligación impuesta de atender un mísero timbre.
Observé que la luna está llena,brilla como nunca, se impone en un mundo aburrido y decolorado. Hoy pensé en el espacio y en la posibilidad de elevarme por esos lares. Siempre he pensado que nunca hemos llegado a la luna y por mas que me lo afirmen todos los canales de televisión, jamás lo creere, esa bandera estadounidense se movía al son de un viento inexistente. El hombre nunca llegó a la luna. No tenemos idea de lo que hay allá afuera y por el momento no tendremos la certeza de que es cómo nos cuentan.
Un jarro con flores de gardenia en el centro de la mesa,un pan tostado con queso francés encima, las velas rojas que emanan rosas de terciopelo. Lo mas importante del universo está allí, junto al potus de plástico que puso tu abuelita en la ventana.