Hoy me levanté con la motivación de una conquistadora. Poderosa, energética,elevada y etérea. Me espera un gran desayuno. Al llegar a la mesa, aparece Rolo,el turco, mi mayordomo desde hace veinte años. Lo primero que hace es servirme un café negro e intenso. Espera a que lo pruebe y le de mi aprobación, ya que sabe ,que soy muy exigente con la calidad de esta bebida. Al principio, fue complejo. Orco me traía un café repugnante, yo lo probaba y lo escupía. Le recriminaba que sabía a té. No hay nada que me de más rechazo que las hierbas calientes. Fueron tres largos meses, los que tardó el turco en hacer el tipo de café que a mi me gusta. Luego de leer tres diarios en el término de diez minutos, el turco me trae dos tostadas con mermelada de fresa y queso untable. Todo está minuciosamente planeado, porque si pierdo el control de mi tiempo, la histeria se apodera de mi ser.
Después del desayuno, me dirijo a mi recámara donde me espera Ofelia con un gran cepillo de cerdas naturales con el que me cepilla ciento cincuenta veces ,mi largo cabello. Lo que procede, es la terapia de aceites, la señora masajea mi cara con ungüentos milenarios y luego la limpia con agua de rosas. A partir de ese momento, prescindo totalmente de mis mayordomos y me dispongo a elegir el atuendo del día.
Me encantan los vestidos, tengo una colección de dos mil quinientos ejemplares diseñados para mi cuerpo, por el gran sastre Raúl Rivero. La mayoría de mis vestidos son largos, al cuerpo, con la espalda abierta. Hoy elegí uno rojo carmesí con unos tacos plateados y un buen collar de serpientes.
Siendo lunes, el museo está cerrado, por lo cual es un momento ideal para ir a hablar con David. No se como va a reaccionar a mi visita. Pasaron cuarenta largos días desde la última vez que nos vimos. Es probable que esté furioso conmigo, que piense que lo mío fue solo una palabrería. Le voy a demostrar que no. Mariette Murray es una mujer de palabra.
No crean que voy a llegar a la puerta del museo de la academia como una loca improvisada a pedirles que me dejen pasar. De ninguna manera. Esta operación está minuciosamente planeada y diseñada. No hay posibilidad de error.
Hace quince días le llevé un whisky a Colleman, el dueño del museo. Pasamos una tarde maravillosa con una charla de poca monta. Cuando se quedó dormido, tomé las llaves del museo y orco, mi ayudante, le hizo una copia en cuestión de cinco minutos. Luego lo desperté con un té de manzanilla y me esfumé.
Dieron las ocho de la noche, la luz del sol se disipó, y yo me presenté en la puerta del museo. Como si nada, con mi llave, abrí la puerta, entré, le clavé un somnífero al guardia y desactivé las cámaras. El silencio era inminente, sólo se oían mis tacos golpear el piso de mármol, y la respiración de una mujer que sabe lo que hace.
Antes de entrar a la sala del David, me distraje una hora observando los cuadros de Botticelli, También quedé absorta en el centro de la sala con una escultura que simulaba un rapto. Cuando sentí que era el momento adecuado, convoqué mi energía extraordinaria y me dirigí a encontrarme con el hombre más codiciado de la historia del arte. Al entrar al recinto sagrado, no hizo falta largarme a llorar como esa primera vez. El ruido de mis tacones despertó al David al instante.
David: Valla, Valla.. Eres tú. Pasaron cuarenta días, pensé que me habías olvidado.
Mariette Murray: Murray siempre cumple
David: ¿Por qué no llora?
Mariette Murray: ¿Usted lo desea?
David: ¡Por supuesto que sí! Oír su llanto fue lo más humano que he oído en quinientos años.
Mariette Murray: No tengo tiempo, Vamos al grano, ¿Está listo para que lo llevemos al Ponte Vecchio?
David: Hoy no me puedo ir, bajo ninguna circunstancia.
Mariette Murray: ¿Por qué?
David: Señorita usted cree que una escultura como yo, de semejante valor y reconocimiento histórico puede irse de un museo así como así. Si ese es su pensamiento, usted no ha vivido la fama. Yo no puedo irme de aquí sin antes saludar a todos mis amigos, los que están allá a su izquierda en la sala de esculturas.
Mariette Murray: ¿Cuánto tiempo necesita?
David: Una semana.
Mariette Murray : ¿Te tomará una semana saludar a 100 esculturas?
David: Señorita usted será demasiado frívola pero yo soy un ser muy pasional y mi despedida no puede ser un simple intercambio de palabras, quiero organizar un festín hedonista para darles el mejor adiós, el que merecen, por haberme soportado tantos años de lamento.
Mariette Murray: Siete días y ni un minuto más. El lunes que viene, lo vengo a buscar con los maniáticos. Vengo preparando este operativo hace más de treinta días. Lo único que necesito de usted es que durante esta semana trate de hacerse lo más liviano posible, es decir, no puede darse el lujo de comer demasiado. Esta travesía, fue calculada matemáticamente, en función de su peso y estatura. Por favor, no altere esas variables, podría poner en peligro el operativo.
David: Murray yo no como. ¡Soy una escultura!Me han condenado a no sentir los gustos y las variedades. Un hombre que no puede comer se deprime mucho ¿sabe? Tengo un amigo en el museo que toma vino, dice que sólo siente sus efectos. Yo nunca lo he hecho ¿Se imagina si me embriago y tengo que soportar a toda esa gente que viene a sacarme fotos y a observarme obscenamente? ¡De ninguna manera! ¡Soy el david, el gran luchador del mundo, la apoteosis del hombre renacentista, figura emblemática de Florencia , rey de Italia.
Mariette Murray: Nos vemos el lunes a primera hora de la madrugada.
Me dí la vuelta y caminé hacia la salida del museo. La reacción de David no me sorprendió en lo absoluto, sabía de su vanidad supina, había sido creado con ese fin y no podía desprenderse de ese pecado capital. La lucha contra Goliat era una excusa para que muestre su imperiosa musculatura y él era consciente de eso. Le pesaba en el alma. Solo se sentía adorado por su estética y no por sus hazañas. Por eso la necesidad de irse al Ponte Vecchio a evadirse de las miradas obscenas y milimetricas ,salirse de sí mismo, y contemplar a la humanidad desde otra óptica, ahora él los mirarará a ellos.
Continuará.
(Este cuento es continuación de una saga. Los invito a ver leer los cuentos que están publicados en la página principal)
Con mucho amor,
Majo Della Sala
