El lunes a primera hora, sonó mi teléfono. Era Richard Coleman. Ni bien atendí comenzó su verborragia recriminatoria. Me preguntó por qué me había ido de Florencia, así de la nada, sin avisarle, ni reportarle resultados de la misión encomendada. Lo escuché atentamente y cuando terminó con su explosión de ira, le corté la comunicación. De ninguna manera iba a tener una conversación con una persona tan exaltada. Durante varias horas pensé en la histeria de Coleman como un fenómeno generalizado actual y discutí con esas ideas en la cabeza hasta que me distrajo una lluvia repentina y torrencial.
Me quedé absorta mirando por la ventana hasta que la imagen del David se apoderó de mi ser.
Desde niña manejo la hiperempatía, por este motivo, imaginarme a este hombre parado en la misma posición durante quinientos años y su necesidad de cambiar de ambiente me contrajo el estómago.
El quiere estar en el centro del Ponte Vecchio y eso no se negocia, tiene todo el derecho como célebre entidad artística a disponer de su propio escenario, observar la vida desde otro ángulo y dejar de ser observado minuciosamente con una luz artificial por encima de su cabeza, todos los días, doce horas. Es muy comprensible que después de su arduo trabajo como escultura de museo quiera relajarse en el puente mas famoso de Italia, recibir el resplandor de la luna, los rayos de sol y ser bañado por el agua de lluvia, su deseo mas romántico.
Toda esta ensoñación idílica del David y sus derechos fue tan contundente, que convoqué a todo mi ejército, los maniáticos.
La sala de convención estaba en completo silencio, todo el séquito de fúricos comunistas estaba reunido, esperando con ansias ver a la dama roja. Una concatenación de sonidos musicales, luces multicolores y humo rojo se apoderaron del escenario. De repente, los convocados hicieron una reverencia. La emperadora estaba ahí en el centro, con una mano levantada hacia el cielo y otra en su cadera. Era ella, Mariette Murray, la dirigente suprema del movimiento de liberación de obras de arte. Un vestido rojo de seda con una gran capa que medía cinco metros de largo. Su pelo perfectamente enrisado y de un color rojo anaranjado fulminante. Los ojos de Mariette eran secretos, siempre tapados por unos lentes de sol de última moda. Decían por esos tiempos, que sus ojos eran el arma mas potente que tenía Murray, inclusive mas que su supina inteligencia. Sus ojos hechizan al instante, son peligrosamente adictivos. Aparece un enano en el escenario y le lleva un vaso de whiskey. Luego de acomodarse el pelo, comienza con su memorable discurso.
“Hoy es un día histórico. Estamos frente a un dilema existencial del arte. Ya no es un empresario capitalista que quiere robar un cuadro lo que nos atañe, sino una escultura,que quiere ser libre y cambiar de sitio. Michelangelo. no se dió cuenta, de que dentro de su david hay una persona encerrada. He hablado con el hombre que yace dentro de la escultura. Se metió ahí dentro hace quinientos años, quedó atrapado en la inmortalidad de una estatua. Cansado de mirar para el mismo lado durante mas de quinientos años, de estar postrado en el museo de la academia y que su vida se reduzca a ser mirado obscenamente por capitalistas ignorantes que lo único que quieren es tomarse una foto con él, para subir a las redes sociales. David me dijo que quiere vivir en el centro del Ponte Vecchio. ¿Cómo no ayudar a liberarlo del yugo capitalista? ¡Ustedes lo vieron! El puente está lleno de joyerías. ¿Ustedes creen que van a renunciar a una porción de tierra para poner al David y que sus ventas bajen exponencialmente? Esta hazaña no será fácil, deberá ser ejecutada con mucha prudencia, en el término de tiempo de doce horas nocturnas.Los exhorto a que elaboren propuestas de un plan de acción concreto y me las envíen dentro de las próximas veinticuatro horas. Tengan en cuenta que tenemos que mover una escultura de cinco toneladas y sacarla por la puerta del museo y emplazar a este hombre en el Ponte vecchio. Eso no será una tarea para holgazanes, los necesito mas comprometidos que nunca. Oficialmente, se inicia la operación David. Alisten sus armas, su familia y sobre todo su fuerza bruta. Entrenen lo más que puedan para obtener la fuerza necesaria para mover semejante peso. Afortunadamente, la distancia entre el museo y el puente es de ciento ochenta metros, por lo cual, podremos lograrlo holgadamente. Soy la mujer mas afortunada del mundo, tengo al mejor ejército rojo que un ser humano ha tenido en la historia. No hemos fallado, ni una sola vez. Recordemos todos los días nuestro sentido en la vida, el arte y su resguardo, somos abogados defensores de sus derechos, súbditos de la creación y la cultura. La revolución roja está mas pujante que nunca. Estamos en el justo momento histórico para luchar por nuestros ideales y preservar la historia del arte. Nunca está de mas decirles: Son mi pueblo, somos familia, mientras caminen junto a los valores de la comunidad roja, serán eternamente protegidos por mi persona. ¡Manos a la obra¡»
Mariette se despidió con un beso para luego bajarse milimétricamente los lentes y mostrar sus ojos durante diez segundos. La multitud quedó absorta en un silencio encriptado. Se tapó nuevamente los ojos, y les gritó con entusiasmo que los amaba. Los maniáticos empezaron a corear su nombre con cánticos populares y a agitár sus dos brazos hacia arriba mientras movían sus dedos de abajo hacia arriba. Esa mujer los dominaba totalmente, sabía encender el fuego de sus corazones, instarlos a la lucha con solo mirarlos durante diez escasos segundos. Escondido entre todos estos fanáticos estaba yo, Fausto corrales, fingiendo que era uno más del montón, agitando los brazos igual que ellos, gritando su nombre con toda la energía que podía, atareado por sus ojos, pero concentrado en mi misión: atrapar a esa mujer.

Majo Della Sala