Desde niño tuve un notorio interés por los casos policiales. Crímenes, robos, secuestros, trata de personas, lo que sea. Recuerdo muy bien que cuando tenía doce años, vi en la tele el caso de Blanca, una adolescente que había sido asesinada por el encargado de su edificio y tirada al bote de basura. Encontraron su cuerpo descuartizado, vulnerado, muerto. Me obsesioné tanto con el caso, que anotaba los datos que recibía de los canales de televisión y del diario en un cuaderno. Un día mamá los encontró y me preguntó con marcada preocupación ¿Qué es esto Fausto? Le expliqué que cuando sea grande quería ser detective. Cuando crecí, me di cuenta de que la figura del detective es utópica y que un periodista es lo que más se asemeja eso. Me adentré en la carrera de periodismo, tenía todo muy claro, iba directo a pedir trabajo a la sección de policiales.
Hace diez años trabajo para el diario “REALIDAD «.Soy un buen periodista, lo sé porque soy profesional, le dedico tiempo a todas las noticias, soy responsable y me interesa la verdad. Quiero saber la verdad todo el tiempo. Miro a una persona y me pregunto ¿Cuál es su verdad? Se podría decir que tengo una fijación con eso. Como periodista me he dedicado a varios casos de severa relevancia, como lo fue la muerte del fiscal Rutmian, el secuestro del diputado radical, el robo al banco francés, el secuestro y asesinato de varios niños y ancianos. Cuando pensaba que lo había visto todo, justo en ese momento, de soberbia periodística, apareció ella, una mujer singular, que cautivó mi interés, ni bien leí su nombre. “La mujer del halo de luz” “La enigmática asesina de manhattan” “La mujer del hijo dental”“Roban un cuadro en el museo félix fue la señorita de manhattan” Así y mil títulos más, se disputaban los diarios en los 2000, cuando en Manhattan apareció una loca desquiciada para dar vuelta la ciudad y ponerla patas para arriba.
Mariette Murray, tiene treinta y cinco años de edad, color de pelo indefinido, ojos turquesa. Mide 1.70, pesa 58 kilos. Tiene un loro con el que va a todas partes. Se pinta las uñas de negro. Es comunista. Le atraen las obras de arte. Asesina. Trastorno de la personalidad múltiple. Cejas finas. Cara ovalada. Autista y con dismorfia corporal. Estuvo casada por cinco meses y luego se exilió en Arabia Saudita por dos años. Recibió capacitación en el ejército arabe. Sabe montar a caballo. Es una mujer fría y extremadamente calculadora. Nada se le escapa, ni un solo detalle. En su forma de matar veo una extraña condición, lo hace con sogas e hilo dental. No hay registro de este tipo de matanza en ningún libro de la humanidad. ¿Por qué una persona usaría hilo dental para matar a otra?
Estos datos son lo que registre durante cinco años. Es muy poca información para tanto tiempo de investigación. Llevo cinco años buscándola por todo el planeta. Deja claros rastros en sus “travesuras”, como colitas de pelo de felpa roja, medias, labiales.. siempre deja algo en la escena del crimen que me hace darme cuenta de que fue ella. Inexorablemente, mi jefe cree que estoy loco y que nunca voy a encontrar a esta mujer. Los medios en general no la cubren mucho, porque reciben grandes amenazas y le tienen pánico. En mi diario, somos todos rudos y no nos importa si nos morimos mañana con tal de saber la verdad. Así somos.
Tengo en mi casa una pared llena de bocetos de su cara, pero ni una sola foto. Hay pocos testigos que han visto a Mariette, y la describen siempre muy diferente, lo que me hace pensar que ella es camaleónica con su aspecto.
Sé que se llama Mariette Murray, porque la noche en la que mató a Facundo del guercio, escribió su nombre con rouge en el espejo central del departamento. Recuerdo cuando llegamos a la escena del crimen, todos nos quedamos atónitos, al ver la cantidad de hilo dental que rodeaba el cuello de la víctima. Me quedé helado, al ver su firma en el espejo. “Mariette Murray”estaba escrito de una forma muy particular. Había sensualidad en su escritura. Una letra bonita pero alterada. Un beso de ella al espejo. Me quedé mirando ese rastro dramático , durante quince minutos. Para darle un beso así al espejo hay que tener labios muy finos, pensé. Ese beso era un boceto perfecto.
Fue cuando a Mariette se le ocurrió ,robar el cuadro de Rocaccio “El hombre papa” , en ese momento recabamos la mayoría de los datos sobre su aspecto físico que obtuvimos de ella. El museo Felix tiene cámaras, pero la calidad de imagen en ese momento era pésima. Lo que se ve en el video es una mujer vestida de servicio de limpieza, con un gorro en la cabeza y lentes. Agarra el cuadro y lo mete en el carro de limpieza, sale por la puerta de atrás, se sube a un auto y desaparece. Sí, así de simple. Fue de noche, no se sabe cómo, pero no sonó ni una alarma. Al parecer tiene altos conocimientos en todo lo electrónico y de sistemas. Aunque pienso, que quizás alguien la esté ayudando, algún hombre rudo que la sigue a todas partes, pero eso es parte de mi imaginación.
Me ha llamado varias veces, porque está enojada conmigo. Me grita que me va a matar en cuanto me vea, que ella no es un personaje literario. Cuando me llama, no me deja hablar, solo grita y luego corta. Quiero saber toda la verdad sobre esta mujer, no se los voy a negar, duermo con un arma al lado. Ser periodista de la sección policiales no es fácil,el riesgo y las amenazas, son los gajes del oficio.
Tengo cuarenta y cinco años de edad, no he formado una familia, vivo solo con mi perro Lupo. Escribo todo el día. Fumo, tomo ron y escribo. Mi jefe es muy intenso, pero eso me gusta porque me lleva a superarme como periodista.
A lo único que le tengo miedo es al té de manzanilla, porque me da alergia. Me di cuenta de esto una vez que estábamos viendo una película con mi amiga Malena, mi vecina y amiga escritora. Me sirvió un té de manzanilla y a la media hora tenía una picazón insoportable en el cuerpo. Me fui corriendo a mi departamento y llame a un médico, me inyectaron decadron de inmediato.
Escribo porque sé que algún día, te encontraré Mariette Murray, donde sea que estés. Si es necesario, me tomaré un cohete a la luna. Mi deber es con las víctimas y las obras de arte robadas, tengo que hacer justicia por todos ellos .
Solo con la verdad, Fausto Corrales.

Autor: María José Della Sala