Iba a ser un febrero común y corriente en Mazatlán.
Febrero, Mazatlán Sinaloa. De lejos, se escuchan los bullicios de un grupo de mujeres escandalosas, son las damas de honor, de una boda que es tema de conversación en Mazatlán desde que Santiago Vasquez del Corral, hijo del gobernador de Sinaloa anunciara que festejaría su boda por estas tierras. En aquel momento, el hombre en cuestión, había tomado la drástica decisión de casarse con ,Maria del Rosario de la fuente Camboya, la hija del presidente mexicano más temido, Raúl de la Fuente Camboya.
El anuncio de la boda se hizo con bombos y platillos. Cuando el gobernador de Sinaloa se enteró de la gran buena nueva, decidió convocar al pueblo de Mazatlán mediante un acto municipal. Tras prometer ostiones y camarones gratis para todo los mazatlecos que asistiesen al evento, todo el pueblo se presentó hambriento en el malecón de Mazatlán. Se dice que algunos pescadores decidieron no comer el día anterior para poder disfrutar al máximo el banquete. Trompetas y bombos anunciaron la presencia del intendente, de repente, todo el pueblo ,se silenció, pero no paró de comer. Hilario guillermo Vizcarra, dijo “ MAZATLÁN SERÁ LA SEDE DEL CASAMIENTO MÁS IMPORTANTE DE LA HISTORIA DE MÉXICO, LA HIJA DEL EX PRESIDENTE CONTRAERÁ NUPCIAS AQUÍ CON MI HIJO BRINDEMOS POR ESO”. Agarró un ostión lo elevó al cielo,luego lo lanzó a su boca.
Tras un silencio de incredulidad total, el pueblo ,embravecido, comenzó a bailar y brindar con ostiones y camarones ahogados en tequila. La futura fiesta formaría parte de la historia del lugar y eso traería mucho trabajo y turismo a futuro. Los festejos duraron casi una semana.Luego llovió tequila, limón y sal por todo el pueblo.
La fiesta tenía contemplados unos mil quinientos invitados,entre ellos funcionarios, artistas, extranjeros y figuras públicas internacionales. Se requería de la participación y colaboración de todo el pueblo, que con gusto y esperanza, se dedicaron durante un año a preparar la boda. Durante 12 meses se recolectaron ostiones y camarones, se dispuso un organismo estatal de selección, que se dedicó a seleccionar los mejores camarones de cada pesca mensual.
Sin dudas, la noticia fue movilizante, a tal punto que todas las novias que se habían comprometido ese año, reservaron para casarse en Mazatlán, luego de que la “futura reina de mexico” como le decían los lugareños, lo haga.
Recuerdo como comenzó esa semana, porque mientras desayunaba en el Samborns del centro ,abrí el diario y en la primera pagina leí :»Primero de abril de 2001, el avión privado que traslada a la familia presidencial camboya ya aterrizo en suelo sinaloense. La futura “reina de mexico” Rosario de la fuente Camboya ha sido recibida por un séquito de 150 mujeres que se encargarán de peinarla, maquillarla y vestirla para el evento. Todo el pueblo de mazatlán se ha estado preparando para su momento de gloria internacional.” Al ver la noticia, recuerdo que me pareció extravagante la idea de todo un pueblo esperando la boda de una persona que ni siquiera conocen. Por pura curiosidad y como no tenía nada mas interesante que hacer por aquellos tiempos, tomé un vuelo y decidí pagar la millonada que me pedían por hospedarme en el mismo lugar de la boda.
El “campo cerrado las estrellas”, en ese momento, estaba conformado por una hilera de cinco mansiones y un edificio de cinco pisos que funcionaba como hotel. Todas estas edificaciones daban hacia el mar. Por detrás se asomaba un inmenso y verde campo de golf, en el cual, se codeaban los políticos del momento. “Las estrellas de Mazatlán” se había vuelto un lugar muy codiciado desde que el presidente Camboya decidió comprar allí un terreno y construir una mansión de diez pisos frente al mar. Los noventas eran tiempos turbulentos, la seguridad del presidente se veía en peligro, por lo cual, todos los fines de semanas, el presidente tomaba un vuelo privado hacia las estrellas, para poder “amanecer con delfines” y no con amenazas de bombas.
De repente, al grito de “UN DELFÍN” una niña, con rizos, corre despavorida desde la recepción del hotel al mar. Corrí detrás de ella, y los ví. Eran cuatro delfines saltando felizmente en el mar. Al pisar la arena me di vuelta y vi la grandeza de la inmensidad de las estrellas. Una hilera de gaviotas se presentó ante mi, y al final, ahí estaba imponente y reluciente, la mansión mas grande que mis ojos hayan visto jamás. Parecía un caracol gigante. Mas alta que ancha, rodeada de vitrales de todos los colores marinos. En la cima de la torre, se veía un hombre fumando un puro y leyendo el diario, era el mismísimo presidente de la nación.
De repente, cuando el sol se quería despedir, una gran niebla invadió las estrellas, yo estaba sentado frente al mar, contemplando la majestuosidad marina. Hay imágenes que la mente nunca olvida, yo sabía que estaba en uno de esos momentos. Entre la gran masa de denso aire, divisé una capa blanca con destellos dorados que se movía con elegancia y lujuria. Mis ojos se entrecerraron, concentré la vista en el movimiento de la tela. De repente, un último rayo de luz de día se focalizó en ese punto, era una mujer, una diosa estilo griego. Con el atardecer llegaron nuevamente las gaviotas, quienes embriagadas con la presencia femenina, revolotearon en circulos sobre ella. La mujer se incomodó, alzó una mano y se cubrió la cabeza, luego se dio vuelta, y ahi fue cuando la reconocí, era Maria Isabel Urdapilleta, la futura suegra de la hija presidencial. Un impulso desconocido me hizo querer acercarme a ella. ¿esta niebla es normal? le pregunté. Ella se dió vuelta como si yo hubiese preguntado una nimiedad brutal. Me miró a los ojos, me tomo la cara con sus dos ásperas manos y me dijo “Es un mal augurio” y se fue corriendo.
En ese momento yo era un solterón de cuarenta y cinco años, mi vida amorosa había sido un fracaso absoluto, por lo cual mi única relación era con el whisky y con mi tortuoso empleo de escritor de segunda en el periódico del ejército. Los casamientos me parecían una ficción por la cual los seres humanos se preocupaban demasiado. Sin embargo, algo de la boda presidencial me llamaba la atención, quizás fue esa mujer y su presagio o muy precisamente la estupidez humana. Esa primera noche en las estrellas me la pase planeando cómo presenciar la boda, al principio pensé en ser un espía, un testigo ocular periférico, un periodista de una revista fashion internacional.. todas estas imagenes pasaron por mi cerebro, pero al no haber una concordancia entre mi aspecto y las figuras mencionadas, opté por ser un simple e ignorado mesero.
Al día siguiente, fui estratégico, quizás el destello de lucidez mental mas claro que he tenido en años, me senté en el desayunador y observé a los meseros. Pedí un café y unos chilaquiles que me picaron hasta la médula. El mozo que me trajo el desayuno era lo suficientemente gordito como para ser sobornable. Al terminar de comer, le escribí mi telefóno en el ticket y le di una buena propina. Tal como lo había previsto, cinco minutos después de abandonar el desayunador, me llamó, desesperado, quería mas.
Le dije al mesero gordinflón que yo quería trabajar en la boda, le daría una suma de cuatro mil pesos mexicanos, si él me conseguía un uniforme y me anotaba en la lista de trabajadores. Al ver que la suma era elevada y superaba ampliamente lo que el iba a ganar esa noche, me entregó su tarjeta de mozo oficial de la boda y se fue muy contento a comer ostiones y tomar litros de cerveza.
Nunca olvidaré el día antes de la boda como asi tampoco los días posteriores. La mañana del cuatro de febrero fue caótica. Desde las 5 de la mañana me despertaron los camiones, helicópteros, y muchedumbre que llegaba a las estrellas. Por los pasillos del hotel corrían mujeres desesperadas por la vanidad, peluqueros y maquilladores desperdigando su histeria por doquier, trabajadores colapsados, personal de limpieza, la prensa, los guardaespaldas.
Salí enojado al pasillo y grite “dejenme dormir” pero nadie parecía escucharme o siquiera verme. Por un momento me sentí un muerto en un mundo de vivos. Agarré un whisky, encendí un puro y me senté abierto de piernas en el balcón. Mi frustración por no poder dormir, el mar de fondo y en el horizonte el sol salía como testigo. Me pierdo entre el tabaco y el aguardiente pero de repente algo me trae a la realidad, una sombra, un movimiento,en el medio de la bruma. Me levanté sobresaltado, mi cuerpo la reconoció, era ella, la futura suegra. Ese súbito impacto, como cuando reconoces lo conocido, el vaso de whisky haciendose añicos en el piso, el cigarro a medio fumar ahogandose en en lo caído; me ví corriendo como si alguien se ahogase en el infierno, desesperado, hacia sus brazos que nunca me abrazaron.
-Maria Isabel no se vaya, quiero saberlo todo- le grité al tocar la arena.
Ella se dio vuelta, me sonrió y sin dudarlo caminó hacia el mar. Luego la perdí entre la niebla y la hilera de gaviotas famélicas.
El intendente dispuso unas vallas que recorrían dos quilómetros, el cual recorrería la novia con su padre el presidente de mexico antes de llegar al altar a la orilla del mar. Desde temprano empezó a llegar la gente del pueblo, periodistas y curiosos de todo el mundo, que se peleaban por estar mas cerca de la valla para cuando pase la prometida.
La locura era total, todo el pueblo cantaba y degustaba mezcal y ostiones dispuestos por el intendente. Faltaban dos horas para el inicio de la celebración religiosa cuando me dispuse a presentarme en el trabajo con mi identidad comprada.
Si bien, cierto nerviosismo me provocó un jocoso tartamudeo al presentarme con el jefe de mozos, en cuestión de minutos, supe confundirme con el montón.
Desiderio Perez, se sentía muy cómodo explicandonos todos los procedimientos y quehaceres del evento. Mientras él hablaba de rutinas y pasos a seguir, en mi mente danzaban los hielos de un whisky en las rocas. Fui interrumpido en mi deseo hedonista, eran las cinco de la tarde. Un violín y una trompeta, anunciaron el advenimiento de la prometida. Ví como la multitud se enardecía, vi en sus ojos cierta ilusión de salirse de la aburrida realidad. Atisbos de incredulidad. Esperanza. Las señoras grandes se persignaban y miraban al cielo rogando prosperidad para sus nietos. Los niños esperaban ver un cuento de hadas. Los periodistas se peleaban por tener la mejor foto. Al estar yo en la parte final del recorrido dispuesto para la prometida, no pude apreciar su entrada, sin embargo, pude recopilar algunas apreciaciones subjetivas del pueblo. Una jovencita escuálida y con voz chillona me comento que cuando entró Rosario de la fuente camboya al túnel, las rosas volaban por los aires, a muchos borrachos se les cayó el trago de las manos al ver su esplendor jovial. Existe mucho romanticismo en los pueblos mexicanos, así que lo único que puedo documentar como fehaciente es el momento en el que la ví.
Lejos de cautivarme, yo vi una mujer escuálida, contenta por presumir un esposo ante la sociedad, pero sin gracia alguna. Muy contrario fue el sentimiento hacia el novio quien si me pareció un ser particular, sobre todo porque en ningún momento miró a los ojos a su futura esposa, detalle que al parecer, el único que lo noto fui yo.
El altar a la orilla del mar, las gaviotas revoloteando, y en el primer banco derecho ahí estaba la mujer mas misteriosa que mis ojos hallan visto jamás, la señora de la niebla, la mama del futuro esposo de la hija del presidente. Esa tarde calurosa, Todos fueron testigos, todos vieron al presidente Camboya entregar a su hija al hijo de su ex amante, pero en ese momento, nadie lo sabía.
La ceremonia religiosa duró una eternidad, me sentía muy incómodo con mi traje de mesero, ya que era tres tallas mas que la que yo uso comunmente. Mientras servía champagne en la recepción varios me felicitaron por haber bajado tanto de peso. Yo que nunca había sido gordo ahora era un ex gordo y mesero. Esa situación paralela a mi realidad me hizo sentir un poder camaleónico que por momentos me dio orgullo. Jamas podría ser yo un mesero,¡ me tomaría hasta el agua de las macetas¡ pensaba en mi interior. Pero por el otro lado, estar en ese ambiente de ego, vanidad, hedonismo me sentaba bien.
Había en la fiesta mas de mil invitados, por lo cual, escabullirme entre la gente me era bastante cómodo y oportuno. Descubrí que con mi nueva profesión podía oír y ser cómplice de muchas historias ajenas, lo cual me resultaba placentero por mi naturaleza curiosa. Cuanto más alcoholizados se veían los invitados, mejores historias salían a la luz. Obtuve datos muy contundentes esa noche, de los cuales, pocos me creyeron por esos tiempos. Mucha era la oscuridad que rondaba por el gobierno de Camboya, ni siquiera el océano podría haber borrado todas las aberraciones que escuche.
Se hicieron las tres de la mañana, todos bailaban felizmente en el centro de la pista, los flashes de las cámaras me enceguecieron. Decidí tomarme un respiro, me dirigí hacia afuera de la carpa blanca que albergaba la estupida felicidad burguesa.
Fue ahí cuando, en parte aturdido por tanta gente, decidí ir a caminar un poco por la orilla del mar.
La luna hacia eco en el mar, ni una nube a la vista, las estrellas estaban mas nítidas que nunca. Estaba yo muy ensimismado cuando de repente escucho a lo lejos un gemido de una mujer. Se me estremeció el cuerpo. Lo primero que pensé fue en una gran tragedia, corrí despavoridamente hacia lo escuro, el eco del grito me guiaba el espíritu. Me resbalé en la arena y cuando miré hacia mi izquierda ví lo que mi angurria de acción necesitaba, era ella, la madre del novio haciendo el amor salvajemente con el presidente Camboya. No fui yo quien puso fin a su frenesí sino un ávido periodista que les tomó una foto in fraganti.
El flash me encegueció parcialmente, pude ver el horror en la cara de Camboya. Su cara se desfiguró automáticamente, se transformó en un ente fantasmagórico , perdió toda su compostura. Maria Isabel, se subio el vestido con una extraña parsimonia, luego me pidió un cigarro y caminó hacia la playa. Camboya empezó a hablarnos a mi y al periodista de números, nos prometió dos casas en acapulco, un año de estadía gratis en Cancún, una pensión de por vida, diez caballos españoles, cargos de gobierno y muchas otras esplendorosas posibilidades a cambio de que guardaramos el secreto. En ese momento yo no tenía ninguna intención de contar lo que había visto, un ciudadano común y corriente podría ponerse en extremo peligro si revelara un hecho de esa magnitud. No voy a negarlo, me hubiese encantado aceptar sus contribuciones por tener en la consciencia semejante situación. Pero no lo hice, quizás porque no era el dinero lo que me emocionaba sino haber sido testigo de semejante hecho. Pertenecer a una historia que le cambiaria el sentido a todo, ser parte de algo importante por primera vez. Ni el periodista ni yo fuimos participes de los sobornos del presidente camboya.
Mientras la novia estaba arreglandose el pelo en el baño, el ávido periodista entró inoportuno y lanzó la bomba. El estruendo del grito de Rosario hizo eco en el mar. Todo lo que sucedió despues fue un caos generalizado, mientras un sinfin de verdades salían a la luz, secretos indecorosos, silencios, vistas gordas se alternaban entre gritos y se perdían en la noche.
La esposa de camboya parecía una estatua impoluta e imperturbable. En el centro de la pista, Santiago del corral y el Camboya se perjuraban la muerte unos a los otros. La insulsa y ahora desdichada hija de camboya, cayó desmayada sobre sus damas de honor, quienes abanicaban energéticamente a la mujer. Los invitados estaban atónitos y al ver la espectacularidad de la situación parloteaban entre ellos y miraban de reojo. Yo me encontraba parado justo al lado de la hija de camboya,mimetizado entre los opulentos vestidos de las damas de honor. Gritaban como hienas. Santiago se acercó, agarró con vehemencia a su esposa y la llevó hacia un costado. Tuve el privilegio de escucharlo todo, ver y sentir sus emociones. El hijo del gobernador le dijo a Rosario : “Tu sabías que nuestros padres tenían un romance y me lo ocultaste” a lo que la mujer respondió: sí, quizás todo esto lo organizaron para poder estar juntos de por vida, sin tener que esconderse.María del Rosario, lloraba y le decía tartamudeando a Santiago: “yo te amo , no confundas lo de nuestros padres con lo nuestro” El hombre enfureció y se emborrachó.
Se oyen gritos de hombres a lo lejos. Ahí estaba el presidente Camboya a punto de disputar una pelea de gallos contra el gobernador de Sinaloa, esposo de una mujer ahora indecorosa. Fue ahí cuando la hija del presidente los separó y se llevó a su padre.
De un momento al otro, la música se apagó, ese silencio incomodó a todos los invitados y los alentó a retirarse del recinto.
Me inmiscuí entre una masa de borrachos, llegué a mi habitación y me puse a escribir lo sucedido. Tenía la plena consciencia de que estaba transitando el momento mas importante en mi vida periodística, un hecho de esos que nunca se olvidan, que perduran en las conciencias ajenas durante siglos y se transmiten de generación en generación.
A las seis de la mañana, sonó el teléfono. Dudé en atender. Volvieron a marcar. ¿Señor ha visto usted una alianza de casamiento? Como no había visto nada, colgué inmediatamente luego de una fría negativa.
El llamado interrumpió mis quehaceres periodísticos y me generó curiosidad. ¿Que sortija están buscando y por qué lo están haciendo? Salí, intempestivamente de mi cuarto, bajé a la recepción y le pregunté a la señorita ¿Se perdió un anillo? Ella asintió con la cabeza mientras elevaba sus ojos hacia arriba mostrando cierta ironía. De repente, pasó corriendo Santiago vazquez del corral.. su olor a borrachera me despertó.
Fue cuestión de minutos para que todos los huéspedes del hotel salieran en búsqueda de la sortija, muchos lo hacían al no tener nada que hacer y muchos otros por la gran recompensa que se ofrecía. Parecían hormigas en un centro de rehabilitación,corrían desesperados en círculos, gritaban despavoridos y la confusión reinaba.
Al parecer, el novio, en su ataque de ira, decidió tirar el anillo por la ventana. A la mañana siguiente no se acordaba de nada, solo vió que su sortija de casado no estaba en su mano y mucho menos su nueva esposa. Santiago estaba devastado, le gritaba al balcón de su esposa para que lo perdonase. Pero nada de eso sucedió.
A las dos de la tarde en punto, llegó un helicóptero a buscar a la hija del presidente. El panorama era más que claro: la boda se anularía por completo.
Dieron las ocho de la noche cuando todos los huéspedes del hotel decidieron abandonar la búsqueda del anillo.
Estaban por dar las doce de la noche, cuando decidí salir a caminar por la playa. Fue ahí cuando la ví otra vez a la flamante madre de Santiago. ¡La ví jugando con la sortija perdida¡ cual niña jugando a casarse. Me acerqué a ella y le pregunté por qué no le había contado a su hijo que había encontrado el anillo.Se fue corriendo, riéndose a carcajadas, burlándose de mí , gritándome que era un ser insignificante.
Al día siguiente, me comuniqué con Santiago y le dije que la sortija la traía su madre. Como era de esperarse, me calumnió y asumió que era un loco suelto.
Ya han pasado más de treinta años del hecho. Aún quedan muchos vestigios de la historia, abundan las versiones, muchas incoherentes otras acertadas.
Solo hay una persona que sabe la historia completa, y esa persona se llama Rubén Alcaraz, un periodista de segunda, al que nadie le creyó.
No necesito que me crean.
Como buen periodista de sangre, me regocijo en el saber que yo sé la verdad de la historia y la he escrito para no olvidar ni un detalle.
Este reporte es mi aporte al mundo. Al fin y al cabo, no hay que subestimar los hechos, todos son partes de una historia, cultura e idiosincracia.
Majo Della Sala

