Previsibles


Agarró su teléfono con ansiedad fatalista, le sudaban las manos y le temblaba el corazón, mientras sus ojos amenazaban con saltar de un décimo piso. Mariela debía acatar el imperativo categórico : saber qué estaban haciendo todos sus seguidores en instagram  y qué bienes habían adquirido. 

Al abrir la aplicación, la primera historia era de su amiga ,la que salía con el chico popular , una vida aparentemente feliz y perfecta. Ahí estaba “@patydelmar” dándole un beso al novio en una casa frente al mar mientras brindaban , esa amiga de cuerpo “perfecto” ,que el día anterior le había mandado un audio llorando porque el novio le había puesto los cuernos con otra pero que hoy era la mujer más feliz del universo, con el chico de revista  y el perrito bull dog francés.

En la segunda historia apareció @Facundosierraleon con su nuevo BMW. Mariela conocía de memoria ese auto  ya que el chico  todos los días subía una historia donde aparecía manejando mientras  enfocaba  el logo de la marca, con un café de starbucks al lado. Facundo tenía un gran auto pero no podía pagarle la colegiatura a sus hijos y tampoco podía comprarse el remedio que le recetó el médico para su caída de pelo. 

Luego apareció una historia de una chica que Mariela no conocía ,pero admiraba : la gran @LulidelaSierra , una rubiecita de ojos celestes , con cuerpo de sirena y una vida fabulosa. Dos millones de personas querían ver como Luli se paseaba en los mejores hoteles del mundo con los hombres más apuestos del condado, fiestas llenas de glamour y playas paradisíacas. “Todos querrían ser Luli” suspiró Mariela con cierto remordimiento y frustración mientras veía el aparente discurrir de sus éxitos. 

Lo que Mariela no sabía, era que Luli, se pasaba todo el día contando calorías, que nunca pudo tener una relación estable y que todos los miércoles pedía prestada plata para comprar seguidores mientras  lloraba por las noches la presión de ser “perfecta”.

Mientras Mariela veía historias, instagram le notificó que la influencer en cuestión  había iniciado una trasmisión en vivo. Frente a ese estímulo pavloviano , picó el botón y apareció Luli ,quien entre millones de corazones digitales y un sillón excesivamente blanco que competía con sus dientes, mostraba con euforia patética , todo lo que le había regalado el novio : un cinturón de gucci, un vestido de Carolina Herrera y un perfume de Cristian Dior. Al final se dieron un beso y el jóven le propuso matrimonio. Los corazones aumentaban con frenesí mientras los seguidores subían compulsivamente.

Mariela se estremeció porque ella siempre quiso tener ese cinturón para presumir en todas sus historias.  Sintió un  ataque de compulsión animal, abrió la página de la marca en cuestión y buscó con mucha energía el mismo cinturón de Luli. Con irreverencia irracional agarró la tarjeta de crédito, puso todos los números y clickeó en comprar. Fue un acto tan impulsivo como prender un cigarro, un episodio fugaz lleno de adrenalina que terminó cuando sonó el teléfono. 

Al teléfono estaba la voz de su padre,Juan Benedicto, un hombre que trabajó durante toda su vida para comprarse el auto que tenía Marco Antonio, su vecino,  y que cuando finalmente pudo comprarlo cayó en una profunda depresión y quedó desempleado. Entre gritos y preguntas el padre de Mariela le exigió una explicación ¿Por qué tengo un cargo de veinte mil pesos en la tarjeta? a lo que Mariela no pudo nunca contestar.

En ese mismo momento , @Porfiriofit, el novio de Luli, recibe una carta  documento de su banco en el que lo exhorta a pagar de inmediato su tarjeta de crédito ya que sino se procederá al inmediato embargo de los bienes de su padre. El joven llama desesperado a su novia y le cuenta la situación, se había quedado sin dinero por todos los regalos que le había comprado por miedo a que ella lo deje . Cuando Porfirio le notificó a Luli de su situación económica ella abrió el instagram y le mandó un mensaje a @Pedrodelosbosques, el chico que le contestaba todas sus historias ,el que tenía una casa frente a la playa.No se conocían personalmente, pero sí por sus historias.

 La máxima preocupación de Luli fue que si Porfirio no tenía dinero ¿Cómo iba a seguir mostrando belleza , felicidad , lujos, viajes, playas y pareja perfecta al mundo? 

Cuando Mariela cortó el teléfono con su padre, esperó ansiosa la llegada del cinturón. Parada frente el espejo de su cuarto, se colocó el accesorio que había dejado a su padre sin dinero para comprarse la medicación de la diabetes , se sacó diez fotos y eligió la número siete porque en esa salía flaca, feliz y exitosa. A las dos horas, su máxima preocupación, fue que tenía solo cinco me gusta ,entonces la eliminó y se comió dos paquetes de papas fritas que después vomitó.

Ortega y Gasset definió al hombre masa : como un ser humano que se siente vulgar y reclama con orgullo el derecho a su vulgaridad, aquél que se reconoce “como todo el mundo” y en ese reconocimiento encuentra una paz abominable y un confort diabético.

Si el “sujeto aglomerado del siglo XX” se angustiaba por no ser como todo el mundo, el hombre del siglo XXI , a mi entender, no solo se entristece sino que toda su vida está enfocada en “ser como todo el mundo”. 

Hoy en día las redes sociales nos obligan a ser igual a todos, nos publicitan  una “igualdad”  que en el fondo es una profunda desigualdad. Nos hacen creer que somos libres cuando estamos mas enjaulados que nunca. En esta   maquiavélica jaula digital existe  una superestructura que le clava una aguja hipodérmica  a sus adeptos y los hace  “bailar” de la misma manera, para poder lograr pertenecer a los grandes imperativos categóricos modernos: Belleza, juventud, dinero y éxito. 

En instagram la superestructura está conformada por los influencers: líderes de opinión indiscutibles del siglo XXI, a quienes un colectivo de seres robóticos y acríticos siguen con devoción y copian con alevosía. Si el/la influencers dicen que hay que comer dos zanahorias al día para tener el cuerpo perfecto , no existirá argumento científico que refute esa aseveración, no surgirá ningún tipo de cuestionamiento frente a lo absurdo ya que “ser igual al otro” es el principal narcótico social que se defiende y se legaliza sin necesidad de pasar por un congreso. 

Entre cuarenta fotos de recetas para tener el cuerpo perfecto, la mente imperturbable y cumplir con el “sueño americano” moderno, la ansiedad de los usuarios se expande y contrae al mismo tiempo, como una planta carnívora ; Surge un vacío que deja famélico al ser humano y lo lleva irremediablemente al consumo compulsivo para poder saciar esa angurria por la “igualdad”, por cumplir con los estándares impuestos.

Hoy me puse a leer unos cuentos de Julio Cortázar , lo cual, me motivó a pensar : cada día es más complejo ser un cronopio. No es fácil serlo en un mundo donde “ser igual de feliz que el otro” es la meta y mostrar “éxito” el leitmotiv. Ser “cronopio” implica ser rechazado , excluido y juzgado.

Las grandes audiencias de las Famas son las esperanzas, quienes al igual que Porfiirio, Mariela y tantos otros persiguen y añoran el control de una superestructura falsa que es televisada todos los días de manera frenética y abusiva. 

Las mayor igualdad entre Famas y esperanzas se dá a través de la  angustia generalizada y el consiguiente vacío ;no importa en este caso puntual quien tiene los medios de producción, la tristeza es inminente. 

Los exponentes del  pensamiento sociológico universal promulgaron que “La historia de la humanidad no es sino la lucha de clases” . Hoy en día esa dialéctica entre las clases ya no se vé solo en el ámbito de lo público sino que ahora se coló con irreverencia y alevosía en el mundo digital. La línea entre» lo Privado» y «lo público» ha desaparecido, ya no existe esa división.

Se debería alertar sobre la sangrienta lucha de clases que se esparció sobre el corriente discurrir  de las redes sociales. Tan rápido como pensamiento comunista, la lucha de clases, se inflama en cada historia de instagram ,en donde la burguesía moderna exhibe sus bienes de lujo entre sí y hacia  una audiencia “proletaria”, que puede llegar a perder su propia vida por lograr pertenecer .

Sin duda internet ha “democratizado” la información pero mientras  las cabezas de la mayoría sean acríticas, pasivas y sonámbulas, las redes sociales solo llevarán a lo que Umberto Eco , denominó :“Invasión de imbéciles”; porque “el drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo como portador de la verdad” . 

El remedio es una educación que se dedique  a generar en los cerebros la capacidad crítica , es decir , la capacidad de analizar y cuestionar la información que se consume. La lectura es y será la mejor herramienta para poder formar en nuestros cerebros un ojo analítico y una boca con fundamento.

Para ser cronopio en el 2020, es necesario tener habilidades para cuestionar y aborrecer el status quo, distinguir entre ficción y realidad y no tener miedo al rechazo.

Todo cronopio es consciente de que el precio de su libertad es el rechazo, pero si le tuviesen miedo a este precio, no serían considerados como tales.

El cronopio moderno sabe que será aislado y lo disfruta, porque para él, ser igual a todos , no es un valor sino un disvalor. El es consciente de que detrás de la  “aparente igualdad” emerge un gran trasfondo de desigualdad y ausencia total de autonomía. El cronopio es el único “espécimen” que podrá ser verdaderamente libre en en este siglo, donde “ser diferente”, es el mayor privilegio que se puede obtener en un mundo tan serializado.

Bombardeo constante de contenido frívolo y enlatado, todos son copias de alguien, autoestimas definidos por cantidad de likes. El vacío es inminente , se reproduce como piojo y les pica la cabeza a todos. 

La pregunta que deberíamos hacernos es ¿Un hecho podría existir si no es subido como historia en instagram? 

Propongo un reto :hagamos un viaje al caribe y no lo mostremos en instagram.

Quizás surja un poco de ansiedad pero estoy segura de que vamos a disfrutar más si no estamos grabando . Vivir a través de una pantalla es una actitud mediocre , un parásito innecesario.

María José Della Sala


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