Eran las 17:00 horas de un día complicado a nivel quimérico cuando sentí el timbre de mi teléfono, un presentimiento sumamente diabólico se apoderó de mi respiración.
– Me comunico del hospital “Heridos por su propia pasión” quería comunicarle que su amiga Benedicta ha sido agredida por una planta carnívora . El veneno le ha llegado hasta el dedo gordo del pie. Ella está grave.
Automáticamente el gusano de la nicotina me expropió el alma. Prendí un cigarro, le explique a Macedonio la situación y corrí hacia el drama.
El hospital “Heridos por su propia pasión” es una clínica a la que muy pocos pueden ingresar. Esta exclusividad no es discriminatoria ya que justamente muy pocas personas tienen la gracia de tener una pasión. Los tiempos modernos han anulado la capacidad del ser humano de conectarse con su fuego interno. La pasión, esa lucha constante entre lo racional y lo circense, el fuego que brota del alma a borbotones , sin piedad y con dialéctica salvaje. Pocos tienen ese semáforo encendido. Una persona apasionada tiene los ojos en rojo las 24 horas del día, su respiración es caliente y poco discreta, sus manos casi siempre se encuentran en constante sobredosis de electricidad.
Benedicta era como un cactus en el medio de un lago , tan compleja como ver esa escena dantesca hecha realidad. Tenía tanta pasión por las plantas que hasta las comía. Un día me contó que cansada de la comida preparada para seres humanos , agarró un cactus lo partió en rebanadas simétricamente iguales , las puso en una sartén y las ingirió. Absorta frente a estas declaraciones tan revolucionarias le pregunté que había sentido y ella me dijo : “ Cuando uno usa su pasión como alimento no hay manera de que no llegue al orgasmo más místico que una persona puede experimentar. Las espinas me generaron ciertos agujeritos en el cuerpo de los cuales brotó mi sangre , eran como pinchazos de mosquitos, fue una de las experiencias más surrealistas que he vivido”.
Cuando Benedicta me confesó esos detalles laberínticos del discurrir de su vida , le sugerí que lo terrible de tener tan arraigada la intemperancia es que generalmente es ésta la que te termina matando.
Lo primero que sentí cuando entré al hospital es que la locura brotaba por las grietas de las baldosas y se expandía sin piedad por todo el establecimiento. Ví a una mujer con una lapicera clavada en el ombligo, a un joven con una guitarra atragantada en la garganta, un anciano con una pelota de fubol pegada con poxipol en el pie derecho, un niño que al mirarlo a los ojos se le reflejaba un videojuego de Mario Bross , un perro con la cara de su dueño , un médico pegado a una camilla , una instagramer que se había quedado tildada en una historia , un twittero con millones de tweets recorriendo su cuerpo, un mecánico atrapado en un auto, una manicura con millones de uñas clavándose en sus manos . Todos estos sujetos perturbados y agredidos por su pasión deambulaban exóticos como monos en un desierto por toda la clínica.
Corrí por muchos pasillos ,presencié variedad de muertes y hasta salvé a un arquitecto de querer construir un edificio sobre sí mismo , minutos después llegué a una especie de aljibe colonial y la ví.
Benedicta yacía en un pozo con agua podrida a 10 de metros bajo el suelo , conectada a un insecticida que prometía quitarle el veneno de la planta que la había inyectado. Por un momento me sentí identificada con Dante cuando le rogó a Virgilio que lo guíe hacia Dulcinea. Lo primero que hice fue saltar hacia ella y ahí sentí el miedo de aplastarla.
– Que bueno que no te has olvidado de mí. Necesito que me traigas comida me ordenó Benedicta.
– Tienes muchisimo pollo y arroz en el plato. Cómetelo ¿Te ayudo?
– A mí solo me alimenta mi frenesí vegetal. No voy a morir por este veneno estúpido, voy a morir por no tener la pasión en mi sangre.
– Benedicta ya lo hemos hablado muchísimas veces , no puedes seguir comiendo plantas. El mes pasado has tenido una internación ya que las espinas del cactus te pincharon un pulmón. Ya es hora de que tomes una actitud más madura.
– Orquídeas trituradas, puré de aloe vera y no olvides las rebanadas de cactus que son mi desayuno – dictó Benedicta con cierto tartamudeo esquizofrénico.
– No voy acceder a tu dictadura , me niego a arriesgarme. – le dije con falsa vehemencia.
– Tienes que acceder porque sino te vas a lamentar toda la vida de haber matado a tu mejor amiga. Tú sabes que yo como plantas hace 20 años , no puedo consumir otro tipo de alimento.
– ¿Dónde están las llaves de tu casa?
– No tengo una llave convencional , tienes que ir y buscar la raíz del cactus que está en la maceta 43 contado de la izquierda a la derecha. Agarras la planta la jalas y cuando salga la raiz vas a la puerta y la ingresas.
– No entiendo como jamás me has contado que no tenías llave de metal para abrir tu casa. Siempre alejándote de lo convencional y es esa huida constante lo que te lleva a ser tan irresponsable – le dije con cierto fatalismo.
Le besé su mejilla y me arrastré cual parásito nadando en materia fecal, solo tenía algo en mente : ir en busca de la raíz.
“Orquídeas trituradas, puré de aloe vera , rebanadas de cactus” repetía mi mente sin cesar, como si fuese el acertijo de la vida, cual poesía recitada por escolares.
Estoy en la casa de Benedicta, el clima vomita lluvias catatónicas sobre la ciudad como imitando un láser diabólico de la URSS. Sí, la lluvia hoy se vistió de rojo; y ante este contexto debo extremar las precauciones ,sobre todo agudizar mi ojo ya que estoy lo bastante ciega como para no divisar ni un grano en una nariz ajena. Los que se preguntan por qué uso lentes todo el día deberían ingresar dentro de mi óculo y presenciar la degradación notoria de mi fábrica ocular, la cual imagino repleta de hierros oxidados.
Empiezo a contar de izquierda a derecha, mi concentración se exalta se oprime y reprime al mismo tiempo. La lluvia comunista me quiere ahogar, el agua sube rápidamente, ya llegó a mi cintura, pronto la víctima será mi nariz. Por un momento mi mente se teletransportó hacia “La inundación del río Mississippi en 1927” , la riada más devastadora de toda la historia de los Estados Unidos Americanos. Era evidente: en la lluvia se reflejaba una guerra diabólica entre Rusia y EEUU. En una gota lo vi a Lenin liderando la revolución de octubre de 1917; en otra vi a Trotsky insultando a Bujarin dentro de una cápsula de acero de la URSS.
La maceta 43 no es un objeto convencional, de hecho es una vanguardia que se transformó en albergue transitorio de la planta más asquerosa que mis ojos han visto. Muchos saben que los cactus son mis mas adorados seres de la naturaleza, sin embargo, este era desdeñable.
Un metro y veinticinco centímetros de altura ( curiosamente la misma que Benedicta) , sus espinas dan vueltas en espiral, su carne es amarilla y su punta es el sitio más inhóspito de este mundo; siento un infierno que me reclama con gula reactiva.
La primera pregunta que llegó a mi cabeza fue : ¿Cómo voy a sacar la raíz de un cactus tan desopilante? Cualquiera que haya tocado un cactus grande en su vida sabe que si uno quisiera ahondar en la corrupta tarea de replantar un cactus debe temer por su integridad física y mental.
Según no recuerdo bien qué artículo orwelliano de la constitución de Eurasia , que luego adoptó México : cualquier ciudadano que intente mental o físicamente tocar , soplar, besar , hablar o quitar un cactus será sancionado con tres años de prisión virtual, esto implica que por ese trienio el culpable deberá permanecer exento de cualquier tipo de contacto con las redes de internet. No podrá publicar en redes sociales, ni interactuar con otras personas por medio de la web.
Siempre fuí una mujer con una rebeldía intransigente , por lo cual el artículo le da cierto sabor a la heterodoxia de buscar una raíz en la maceta 43 bajo una lluvia roja.
Por un minuto me sentí Marlene Dietrich en su película “El ángel azul”, actriz secundaria de una travesía vegetal sin precedentes. Sentí una luz de estudio fotográfico de los ochenta apuntándome a los ojos y pidiéndome que la conquiste.
De repente estoy escuchando “La donna E mobile” , Giuseppe Verdi está sentado al frente mío en un sofá de felpa roja, me mira fijo y canta. Su voz se extiende por todo el territorio mexicano y a los dos minutos se empieza a escuchar en todos los parlantes del planeta.
Italia resurge como lo hizo con el Plan Marshall ;el duque de Mantua me entrega la raíz , la llave maestra.
La lluvia roja , la luz enceguecedora de la cámara de Dietrich y la aparición de Verdi con su obra hoy considerada misógina, me heló la sangre , me dió un golpe de ansiedad disléxica ,lo cual complicó el proceso de apertura de la puerta.
Estoy dentro del microcosmos habitacional vegetal que Benedicta pergeñó durante diez años. Me encuentro, nuevamente, en medio de una lucha comunista vegetal. Agotadora experiencia la de estar dentro de su casa. El alma del comunismo siempre fue el gran enemigo de la historia, se podrá combatir pero jamás eliminar.
Karl Marx estaba tomando un café con canela mientras la Dietrich desfilaba por la habitación , era inminente ella intentaba seducirlo.
– Tengo una misión especial – afirmó Marx con cierto despotismo mientras se armaba un cigarro de aloe vera.
– ¿Has venido a evitar la explotación del hombre por el hombre?- preguntó la Dietrich con su particular ánimo etéreo.
– Estoy en este lugar porque tengo que erradicar la lucha de clases vegetal.
_ ¿Quién hubiese imaginado a Marx en México?
– Ya estuve en México , pero a través de Trotsky ; es un secreto de proletarios. Ellos tuvieron ese único derecho, es lamentable.
– A mí, Cárdenas me mandaba cartas completamente descabelladas.. – insinuó Dietrich con cierto desarraigo.
– ¿Te contó sobre el buque petrolero “Ruth” que navegó durante meses para que Frida Kalho se vengara del gordo Rivera?
– ¿Vamos a hablar otra vez de Octavio Fernandez? – se quejó la Dietrich con cierta decepción de no ser la única mujer perseguida por masculinos.
– Lo que Octavio no sabía es que Trotsky no sólo planeaba su exilio mientras Stalin lo perseguía con plagas de vinchucas desnutridas. “El judas Trotski” sabía cuál era la mayor plusvalía de México :la esposa del gordo panzón, esa mujer que dió la vuelta al mundo. Ese hombre tuvo la habilidad de crear la mejor red ingenieril de influencia y persuasión , fue una cadena de favores,uno de los planes más macabros de la historia del “romanticismo express”. Esta red funcionó en forma triangular : En la cúspide Octavio Paz y en los dos costados Diego de Rivera y Lázaro Cárdenas. Primero fue por Octavio , luego por el Gordo y a lo ultimo por “el tata” quien le iba a abrir las puertas de su corta y escurridiza salvación.
– La comisión Dewey dijo que Trotsky era inocente – esbozó la Dietrich con tono irreverente como de costumbre.
– Mi querida Marlene siempre aparentando la tan jugosa contradicción entre la inocencia de Louisa May Alcott y la teatralidad dorada de Cleopatra. Existe el rumor de que Ramón Mercader se inmiscuyo en las sábanas de Frida y al día siguiente le disparó a Trotsky. Hay quienes dicen que la esposa de Rivera besó a dos hombres la noche anterior. Trotsky no era inocente, esa comisión no tuvo en cuenta lo que sucedió en México.
Un silencio sexagesimal se dilató abruptamente en el espacio.
De repente, Marx , extasiado de furia , se levantó y se dirigió con fervor a Marlene :
– Tienes que escribirle a Stemberg y pedirle que filmen una película que refute a la comisión Dewey. Tienen que contar lo que realmente pasó en la casa de Rivera. Tienes que divulgar este gran rumor proletario.
Mientras Marx pronunciaba estas palabras, Marlene se desnudaba frente a la ventana, mediante la luz de la luna sus ojos empezaron a reproducir la “Judgment at Nuremberg” de Stanley Kramer.
En el minuto 30 , se dió vuelta , se acercó a Marx y le susurró al oído : – Soy la única mujer que le dijo que no a Adolf Hitler, él pudo con las masas pero no con la Dietrich. No te voy a hacer caso a tí escuincle rojo decadente.
Acto seguido, todo empezó a temblar , magnitud 8,5 en la escala de Richter, la cama se hundió hasta el nivel más escalofriante de la tierra , la lluvia se “vaporizo” y todo Mexico ardió. No hay nada más seductor que una guerra ideológica, entre dos almas antitéticas.
Ví como el techo de la casa se transformaba en espejo y en él se reflejaron los dos amantes : la ví a Dietrich deglutiendo el alma roja de Karl Marx cual vampiresa hambrienta . La lucha de clases , el proletario buscando dominar a la burguesa y viceversa. Fue un caos de energía , un eximio almismo ayoico.
Lo único que recuerdo es que Beethoven fue el que musicalizó la escena , “Rondo Alla Turca” se repitió frenéticamente y eternamente.
Continuará.