Yo no se si estoy escribiendo sobre la primera noche del año o si la noche me está escribiendo a mi.
El insomnio se me inyectó en las venas y me obligó cual despota a realizar actos absurdos, irrisorios y descabellados.
Un calor de estufa natural me invadió este cuerpo extraño que tengo, que siente el ardor de un sol ausente cuando se apagan todas las luces.
Mi cabeza empezó a dibujar situaciones extrañas , me imaginé por ejemplo tomando un café en París, lugar a donde nunca he ido.
Yo creo que hay una persona que desde un centro de control, en quien sabe que país, que se encarga de secuestrar mi mente por las noches y me impulsa a hacer cosas que yo no estoy dispuesta. A este ser lo he bautizado como Eliot ; no tengo razones para acreditar el porqué de ese nombre, como tampoco las tengo como para fundamentar el hecho de que mi mente sea secuestrada por las noches.
No creo sufrir de ningun delirio histriónico como para justificar que Eliot me haya elegido como su victima eterna.
Ahora bien, me cuesta imaginarme una noche tan dramática como la que este hombre sin cara me hizo pasar.
Yo estaba postrada en mi cama, aquella que guardo hace 20 años y sentí la necesidad irremediable de comer porquerias. Entonces abrí el cajón de mi mesita de luz y encontré cuatro turrones que había comprado en oferta el día anterior. Me pregunte si era logico mi comportamiento, el hecho de querer comer turrones a las cuatro de la mañana , pero Eliot me contestó que todo carecía de lógica en mi y que me debía adentrar en mis instintos sin cuestionarlos ya que ellos gobernarían mi vida.
Acostada en mi cama- la cual yo creo que está aburrida de acobijarme durante tantos años y ésto lo creo con fundamentos ya que cada vez que se asoma el sol la veo toda desordenada, con las sabanas en el piso , como si ella quisiera expulsar todo lo que la hace cama es decir toda su carne – empecé a mordisquear los turrones al mismo tiempo que observaba como el ventilador de madera vieja daba vueltas sin cesar como queriendo combatir el calor que Eliott me habia enviado desde el centro de control. Fue en ese ridículo instante en el cual el turrón se desintegraba para poder atravesar mis gordas amigdalas cuando ví una luz que emanaba del piso y se hacia presagio.
Al tragar el segundo turrón, ya empecé a sentir cómo mi cuerpo se hinchaba drásticamente, cual sapo envenenado. Mi barriga empezo a sublevarse en contra de mis ojos y mis piernas comenzaron una guerra en la cual panza y miembros se sumian en la dialéctica corporal para resolver quién se hacía mas prominente.
El tercer alimento me llevó a darme cuenta de que algo sucedía , una especie de monstruo ansioso se habia alojado en mis intestinos, entonces lo empece a alimentar con cigarrillos. Tras varias caladas mi cuerpo se estremecía, se encojía y luchaba por eliminar tanto humo. En algún momento sentí como el humo salia de mis ojos y se dispersaba por el ambiente, y yo lo queria atrapar con mis manos para que se vuelva a su lugar de origen pero él se volvio rebelde y se canso de ser fumado.
Absorta entre tantas revoluciones de objetos me sente en el piso a mirar cómo giraba el ventilador y me pregunte ¿ Hace cuántos años te estoy viendo girar? ¿Acaso vos me percibís girando?
Sumisa de los designios de Eliot , me recosté sobre el piso y descubrí a una hormiga, que deambulaba de un lado para el otro buscando algún remedio para su hiperactividad , entonces no se me ocurrió mejor idea que darle un poco de mi cuarto turrón y juntas nos hinchamos, nos elevamos y explotamos en algún lugar de la tierra.
Al rato, cuando el bicho se murió ( no recuerdo bien por qué) fui al living a buscar una planta y me la traje a mi cuarto. Le comenté que ella tenía mas suerte que yo ya que no tenia ningún centro de control que la manipulara y la haga comer turrones.
Esperé algún intercambio comunicativo de la planta pero no sucedió entonces le dí un poco de turrón y ella comenzó a crecer despiadadamente como si quisiese renunciar a su fotosíntesis futura.
Cuando el dolor de espalda me empezó a inyectar la paranoia de que iba a morir prontamente, agarré mi telefono y le marque a Eliot.
¿ Qué estas haciendo, por qué mi cuerpo se aburrio de ser mi cuerpo?
Majo Della Sala