Julio Rosas era un hombre honorable, por sus títulos en inspecciones cutáneas y por su ostentosa calidad de vida. Muchos decían que Julio, en su obsesión tiránica por la piel , mandó a pintar toda su casa de color rosa claro intentando obtener un símil de la dermis humana.
Decidió llamarse Julio a los treinta años contrariando a su madre que lo había bautizado como Anastasio Rosa, un nombre bastante ridículo que lo limitaba , según él , en sus relaciones amorosas.
Obsesionado con las pieles humanas, buscó durante décadas una mujer que sea poseedora de una cobertura «alucinógena». Siempre encontraba defectos : la porosidad, la grasitud, la extrema sequedad, las montañas de grasa rosa…
Se enamoró a los treinta y cinco años de Anastasia Feasia, una mujer casada que según él tenía la mejor piel del orbe. Rosas le contó a toda la comunidad de inspectores cutáneos acerca de su hallazgo y días después recibió llamados de todas partes del mundo solicitando la exposición inmediata de su hallazgo en la asociación de inspección cutánea mundial.
Sobrevivieron a variadas experiencias sexuales en sótanos de la Avenida Corrientes.
Pero como Feasia no era un símil de la perfección absoluta, al percatarse Julio de que las uñas de su amante eran el absurdo de la fealdad humana un día decidió realizarle lo que él llamó «Ablación necesaria»; le cortó sus largas extensiones de hueso fino y al ver que éstas no desaparecían le amputó ambas manos con un serrucho.
Así fue como Rosas terminó encerrado en un establo del campo de Joaquín Arzur, esposo de Feasia, quien al enterarse del amorío de su esposa, decidió encerrar al inspector en una fosa común en la cual yacían antiguos pretendientes de Feasia. A cada uno lo castigaba con diferentes penas, para Julio la condena se basó en ser alimentado únicamente por medio de uñas de vaca y en llamarlo Anastasio durante los veinticinco años de condena.
Majo Della Sala.