Un teclado


Teclas disparatadas , unidades aparentemente estáticas, gritan desaforadamente que alguien las presione hacia abajo y les brinden vida.

Letras , números, y símbolos extravagantes conviven autónomos en un mismo universo plástico.

Arriba del número ocho flota un paréntesis con holgura y se burla del mundo , en su reinado despótico.

El signo ( = ) acompaña al cero y provoca inmensidad vacía.

La letra «A» es la legítima reina del grupo , todas las demás teclas la han elegido y la veneran con ritos de electricidad dinámica estableciendo como parámetro máximo la famosa Ley de Ohm. Allí está en el epicentro de toda acción compulsiva, entre la «S» y la Bloq Mayús. Es la anfitriona del gran banquete celestial.

Con respecto a superioridad en anchura , se destaca con vehemencia la destinada a marcar espacio porque su función es hacer que las palabras obtengan vida. La tecla destinada al espacio es dadora , promueve el entendimiento de las frases , es un puente que al pisarlo genera ruidos de suspenso.

Ya pasaron 30 días y el teclado está repleto de polvo mortífero , el gran veneno de todo cachivache. Ellas esperan con hambre existencial que alguien las presione hacia abajo y les de la orden para que comience la caucásica orquesta.

Majo Della Sala

 


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