La sonrisa


Me adentro en la existencial incógnita de descifrar el por qué nuestros semblantes tienen la capacidad de producir esa mueca tan agradable.

La sonrisa, esta expresión es tan compleja que me genera variados pensamientos. Circulo sin completar , es el sendero directo hacia el paraíso. En él se observan prominentes resabios de la personalidad del ser. Las sonrisas fingidas poco generan pero las auténticas y espontáneas pueden causar cataclismos en la sentimentalidad del ser que la recibe.

Existen humanos en la faz de la tierra que no pueden experimentar esta mueca todopoderosa en ningún instante de su jornada vital. Se los percibe sin esperanzas ni proyecciones futuristas, en sus semblantes algún monstruo del pasado se hace carne y los transforma en momias adiafóricas.

Claro está que desconocen el poder fulminante de esta manifestación simbólica del ser.

En el otro polo de la existencia humana existen luces intermitentes que sonríen perpetuamente. Estas personas conviven con la algarabía  y practican la generosidad extática de compartir su mueca sobrenatural con todos los entes que se cruzan por su vida.

Considero que jamás hay que hundirse en la oscuridad infernal y cesar de sonreír porque con este simple movimiento uno puede producir metamorfosis cíclicas en los demás , brindar aunque sea un instante de seguridad a esas almas perdidas en los laberintos demoníacos.

Sonreír es darse a los otros pero también a uno mismo, es la autorealización suprema del ser, la evidencia de muchos y el orgullo de unos pocos.

En una sonrisa podemos aclamar el orbe en su totalidad y acariciarlo suavemente y fervientemente.

MAJO DELLA SALA

 


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