Frente a frente , igualdad aparente , desigualdad pertinente.
Rubia quiso ser , cura no pudo ser.
Una señora con tes blanca y ajetreada por el fatalismo temporal típico que sucumbe a la totalidad de los seres.
Ansiosa prende un cigarro y averigua la hora. El sabe que lo están buscando por medio de un reloj.
Cinco minutos pasaron desde el tercer cigarro cuando el joven entró en la sala de fumadores del bar Pertutti. Su ingreso fue triunfante con aires de supremo poseedor de un tesoro invaluable.
Se saludaron con un estrepitoso nerviosismo y pidieron un café, permanecieron callados mirándose cual víctimas de un mismo milagro.
La mujer comenzó su monólogo plagado de magnetismo léxico.
– Quiero que te vengas cinco meses conmigo al campo , con este libro te vas a hacer famoso a nivel mundial. Haceme caso , yo sé que tenés todo para ganar. Recién vengo de recorrer varias santerías , me estoy arriesgando la vida por vos porque sé que va a ser un éxito.
El silencio era el tercer invitado.
El muchacho parco , se negó rotundamente a la extraña petición de la vieja y argumentó con elocuencia que él no podía abandonar sus estudios e irse con ella al campo.
Ella sintió como su sangre le perturbaba la sien y le preguntó : «¿vos dejaste de ser cura por alejandra?¨
El murmuró una frágil negación mientras la señora lo miraba y planeaba su travesía oligárquica.
– ¿ Me preferís morocha?
– Claramente.
De repente , el bar de fumadores se desnudó de su constante humo. Solo tres personas quedaron insertos en ese siniestro panorama.
Yo estaba sentada en una mesa junto a ellos , pero nunca me divisaron. Nunca cesé de escucharlos y de anotar absolutamente todo lo que decían. Ella repetía constantemente que el no le podía contar a nadie lo del libro y mi impaciencia por saber de que se trataba aquello que los unía me carcomía el alma. Cada vez que emitían palabra yo esforzaba más mis oídos.
Eran las siete de la tarde en punto cuando la mujer se dió cuenta de que había una intrusa en su imperio. Se paró como quien dispara con la escopeta y me arrebató mis notas, luego me golpeó la cabeza con una taza y perdí el conocimiento.
Ya pasaron dos semanas de aquél suceso y yo sigo tratando de descifrar ese secreto que esos seres tan dispares concebían.
El chichón incrustrado en mi cabeza no para de aumentar, pienso en la rubia , en el cura y en un infinito de causalidades morbosas.
María José Della Sala.